domingo, enero 08, 2012

A primeros de Enero

Mis primeros recuerdos tienen que ver con la comida. Rodeada de excelentes cocineras/os durante toda mi niñez daba por hecho que cualquiera que empuñara un cucharón era capaz de serlo.
Con el tiempo aprendí que nada mas lejos de la realidad.
La cocina es un exquisito Arte que todos tocamos y pocos interpretan con verdadero sentido de lo culinario elevado a la quinta esencia de lo artístico y espectacular.
Cualquiera puede hacer una tortilla de patatas y huevos. Aunque muy pocas te emocionan al punto de que te saltan las lágrimas de gusto mientras exclamas: XDios que bueno, que no se acabe nunca !! mientras se desliza hacía tu estomago.
Mi primera cocinera y mas autentica ha sido mi madre. Era capaz de hacer magia con una simple sopa de pan. Porque la magia en la cocina existe,creo en ella todo lo que no creo en otros tipos de magia. Mi madre odiaba y amaba cocinar con la misma intensidad. Su habilidad creando recetas o mejorando las conocidas era de sobra reconocida. No en vano daba de comer día si y día no a más de una docena de personas. Nuestra mesa siempre estaba abierta a un comensal mas, o dos ,o tres... Mi madre multiplicaba los alimentos como si de una figura bíblica se tratase con arreglo a los que iban llegando. Ese era uno de sus puntos negativos. No conseguía calcular cuanto era necesario cocinar para saciar a su tribu y ante el temor de quedarse corta, siempre se pasaba. La recuerdo liando miles de croquetas y quitando los hilos a sus judías verdes. Con sus libros de cocina encuadernados por fasciculos que coleccionó un montón de años. "Léeme otra vez la receta y deja de hacer el tonto probando todo, haz el favorrrrrr "era su frase reiterativa hacía mi. Cosa curiosa, nunca probaba lo que cocinaba ni le gustaba que nadie lo hiciese. Era un misterio que todo tuviese su punto exacto de cocción, de sabor y textura.

Con la perdida de su habilidad algo le pasó a mi hambre. Desde que ella no guisa no he vuelto a tener apetito desmedido de nada.
Nadie como ella friendo pimientos. Aquellos pimientos intensamente verdes,sanos y prietos que cogía de su huerto minutos antes de freír en aceite de oliva virgen y que olían a verano, a salud. La mente tiene extrañas maneras de enlazar nuestros recuerdos, de hacer imágenes compañeras que se dan dos patadas. Así si pienso en la cocina de mi madre,huelo a pimientos fritos y rechazo las croquetas. Cuando toda su enfermedad comenzó me regalaba cada día docenas y docenas de croquetas de todos los tamaños. En una mujer como ella esto era muy inusual. Además los sabores poco a poco se alejaban de los tradicionales en mezclas difíciles de definir. No obstante, una nunca quiere ver. La primera vez que la salazón en una de aquellas terribles docenas se hizo evidente mas allá de un simple despiste me espanté. Y creo que espantada sigo. Quizás por ello me cuesta escribir en este blog y en cualquier otro espacio donde se reconozca mi voz. Quizás pienso que si me quedo quieta y el mundo gira a mi alrededor todo terminará arreglando se o aclimatandome como las plantas al entorno y los acontecimientos.
Sea como sea la lectura de "La trilogía de Deptford" de R.Davies me ha ayudado a comprender muchos viruetos de mi mente que no distan mucho de la de los demás. Emulando los consejos de la analista de la novela a uno de los protagonistas he escrito dejandome llevar, y dejandome llevar os dejo para seguir con su lectura.
Nota: Mi hijo Mayor es un excelente cocinero profesional. La habilidad de mi madre ha pasado directamente a él.
¿que tal el 2012?