jueves, enero 26, 2006




Llueve desde anoche y no tiene visos de mejorar.

El paseo maritimo se vuelve intimo en la soledad de las aceras. Pasear entre el agua que cae del cielo y la que rebota de la orilla del mar es energizante. Las farolas encendidas ponen veto a las sombras y dan enormes ganas de pararse a mirar el horizonte. Es como si se detuviese el tiempo a mi alrededor. Se me agolpan los pensamientos y recuerdos del último mes y lloro. Me siento desolada por los acontecimientos; rabiosa porque siempre toca sufrir a los mismos y sin embargo a pesar de lo impotente que me encuentro, no se apaga la luz y Dios me mira.

4 comentarios:

Lunarroja dijo...

Pues ya es una buena noticia que llueva.
En los Madriles... ni gota.
BesoS

Anónimo dijo...

Tu eres la mas fuerte de todos,no te vengas abajo en estos momentos que tanta falta haces,animo tienes mi apoyo y mi amistad.Besos

ideas dijo...

Que diferente lo recuerdo...!! cuando estuve alli era verano y hacia un sol impresionante

Fanmakimaki dijo...

Que estraño se me hace ver la playa de levante con lluvia. No pega.